Ciudad de México, 21 de septiembre del 2026.- La respuesta llegó a media conferencia, sin adorno. Sí hubo llamada. Fue con Donald Trump. Y duró lo que dura una negociación que ya lleva meses sin cerrarse.

El TMEC ha sido un asunto de negociación permanente en el gobierno de la 4T y tanto la administración de Andrés Manuel López Obrado (2018-2024), como de la presidenta Claudia Sheinbaum (2024-presente) ha usado ese tratado como arma política.

AMLO lo usó como mecanismo para apalancar el estatus migratorio de miles de indocumentados que querían llegar a Estados Unidos vía la frontera sur de Estados Unidos. Esa carta sirvió hasta cierto momento.

Mientras tanto, el gobierno de Sheinbaum ha usado la captura y envío de criminales ligados al narcotráfico como una ofrenda de buena voluntad con los vecinos del norte para ganar la buena voluntad de funcionarios estadounidenses.

Claudia Sheinbaum contó que hace unos días tuvo una conversación que se movió en dos carriles al mismo tiempo.

Por un lado, los aranceles que hoy pagan el acero, el aluminio, sus derivados y los autos armados en México. Por el otro, la revisión del T-MEC, el tratado que ordena el comercio con Estados Unidos y Canadá desde 2020.

Un reportero le preguntó lo que se pregunta en voz baja en las oficinas del sector automotriz desde hace semanas: ¿y si el tratado termina siendo sólo entre México y Estados Unidos? La presidenta lo descartó. Trabajamos en dos líneas, respondió, y dejó ahí el asunto.

Conviene recordar de dónde viene esto. Los aranceles al acero y al aluminio no son nuevos: llevan meses encareciendo insumos para las armadoras del Bajío y del norte, y cada mesa que se abre termina aplazándose. La diferencia hoy es la fecha. Finales de septiembre.

Quedan diez días para saber si esta vez la llamada se convierte en algo que las empresas puedan leer en una factura.