Había una canción que faltaba y el público lo sabía. Cuando sonaron los primeros acordes de Antología, la sala hizo lo que hace siempre: cantar antes que la artista.

Lo que nadie esperaba fue la segunda voz. Laura Pausini entró por un costado del escenario, sin presentación previa, y se quedó hasta el final del tema.

El resto del espectáculo se movió entre la producción grande —luces, pantallas, coreografía— y esos momentos en que Shakira se queda sola con la guitarra y el repertorio de hace veinte años, que es cuando la audiencia se entrega de verdad.

Salieron cantando la misma canción con la que entraron. En una residencia escénica, esa es la medida del éxito: que el público se lleve algo que no venía en el cartel.