El partido entre Querétaro y León terminó 1-1, pero nadie hablará del 1-1.

Se hablará de la jugada de Arcila, del silbatazo que no llegó de inmediato, de los tres minutos en que el árbitro caminó hasta la pantalla y del penalti que marcó después.

Desde un ángulo parece contacto suficiente. Desde otro, no tanto. El VAR resuelve muchas cosas; esta no la resolvió, sólo la trasladó de la cancha al video.

Al final, cada equipo se llevó un punto y la certeza de que el reclamo continuará el lunes en la radio, en la televisión y en las redes. En la tabla, en cambio, el resultado dice poco: apenas una unidad para cada lado.