Ciudad de México, 21 de septiembre de 2026.- Hay semanas en que lo noticioso es que no pasa nada. Esta es una.

Con el estrecho de Ormuz cerrado desde febrero y una guerra abierta entre Estados Unidos e Irán, el manual dice que una moneda emergente debería estar sufriendo. El peso se mueve en un rango angosto, alrededor de 17.20 y 17.23 por dólar.

La explicación más repetida entre operadores es doble: el Brent no ha logrado romper los 100 dólares por barril, y el diferencial de tasas entre México y Estados Unidos sigue haciendo atractivo quedarse en pesos.

Ese segundo argumento es justo el que se pone a prueba el jueves, cuando Banxico anuncie su decisión.

Si la junta sostiene el tono duro, el rango probablemente aguante. Si suaviza el lenguaje, el colchón se adelgaza. Todo lo demás —la guerra, el petróleo, la Asamblea de la ONU— llega después.

Pero aumentar la tasa convertiría al peso en una moneda con mayor fortaleza frente al dólar al incrementar el diferencial.

En México, la tasa de referencia es de 6.50%. En Estados Unidos subió hace unas semanas a un rango de 3.75% y 4.00%.

Esto significa que cualquier diferencial será aprovechado por los inversionistas para subsanar cualquier riesgo de inversión en lo que los especialistas llaman una moneda "exótica".

El intenso comercio entre las dos naciones vuelve la liquidez entre cuentas bancarias algo cotidiano.

Estas condiciones modernas hacen que la moneda mexicana se presente como un activo altamente atractivo para cualquier inversionista.