Ciudad de México, 21 de septiembre de 2026.- El estrecho de Ormuz sigue cerrado. Por ahí pasaba una parte decisiva del petróleo del mundo hasta el 28 de febrero, el día que empezó esta guerra.

Si bien cientos de burócratas han emitido su opinión para llegar a una eventual resolución del conflicto, la realidad es que no hay una salida que se presente como realista en el corto plazo.

La razón es muy sencilla: ni Estados Unidos ni Irán consideran que los organismos internacionales como la ONU representan una autoridad para ordenarles el cese de las agresiones alrededor de Ormuz.

Además, la maquinaria de guerra parece beneficiar a ambos países, así como la retórica nacionalista sobre la que se mantienen los regímenes de Washington y Teherán.

Estas razones políticas, sin embargo, no pueden ocultar el hecho de que la guerra ha puesto de cabeza los precios internacionales del petróleo y las consecuencias han sido gasolinas caras, un golpe fuerte para el electorado estadounidense.

Desde Teherán, el portavoz de la Guardia Revolucionaria, Hossein Mohebi, dijo que el país se preparó para una guerra larga y que tiene armas estratégicas que todavía no ha empleado. Desde Washington, Trump enumeró a Fox News sus tres opciones: eliminar a Irán, dejar que se pudran económicamente o llegar a un acuerdo.

Ninguna de las dos frases es nueva del todo. Lo nuevo es el calendario: esta semana empieza la Asamblea General de la ONU en Nueva York, y se espera ahí al presidente iraní Masoud Pezeshkian.

Trump dijo que estaría dispuesto a verlo. También dijo que está en fase de decisión.

Entre esas dos frases caben el precio del barril, las rutas marítimas y la agenda de media docena de gobiernos. La semana dirá cuál pesa más.