La Liga Meridiana jugará su final con videoarbitraje. El comité de competencia lo aprobó esta semana, después de una temporada de pruebas que dejó números concretos: 74 jugadas revisadas y once decisiones modificadas.

Ese dato admite dos lecturas y conviene decir ambas. Once correcciones en 74 revisiones significa que la tecnología cambió el resultado de una jugada de cada siete revisadas. También significa que en seis de cada siete revisiones el árbitro de campo ya tenía razón.

Lo que falta es el protocolo. No se ha publicado el documento que define cuánto puede durar una revisión ni en qué casos el árbitro está obligado a acudir al monitor. Sin eso, el margen de interpretación en la final es grande justo en el momento de mayor presión.

La asociación de árbitros envió una carta pidiendo capacitación adicional antes del partido. No se opone al sistema; pide tiempo para entrenarlo. La liga no ha respondido públicamente si habrá sesiones extra.

Para el aficionado, el cambio se notará en el ritmo del juego más que en la justicia de las decisiones. Las pausas existen y se sienten. Si duran treinta segundos o dos minutos dependerá de un documento que todavía no es público.