La cumbre portuaria del corredor atlántico terminó con una firma: seis países acordaron inspeccionar de manera conjunta los contenedores que pasan por sus terminales. En la práctica, significa que una revisión hecha en un puerto podrá ser reconocida por los otros cinco.
El anexo técnico establece una fase piloto de 18 meses y un registro común donde quedarán asentados los contenedores ya inspeccionados. La idea es evitar que la misma carga se detenga cuatro veces en cuatro puertos distintos.
El documento es más claro en objetivos que en logística. No dice quién paga los equipos de rayos X que faltan en dos de las terminales, ni qué país administrará el registro común. Tampoco fija sanciones si un firmante deja de alimentar la base de datos.
Hay un segundo pendiente: según la minuta de la sesión de cierre, dos de los seis firmantes condicionaron su participación a que sus parlamentos ratifiquen el acuerdo. Eso abre la posibilidad de que el piloto arranque con cuatro países y no con seis.
Para las cadenas de suministro, el efecto esperado es de tiempos: menos revisiones repetidas, menos días de espera. Para quienes trabajan en aduanas, la duda es si un registro compartido llegará acompañado de personal suficiente para alimentarlo.
El calendario oficial prevé la primera evaluación a los seis meses. Esa revisión será el primer dato duro sobre si el acuerdo funcionó.

