Ciudad de México, 21 de septiembre de 2026.- La buena noticia cabe en una línea: las consultoras privadas calculan que los alimentos subirán poco este mes.

La otra línea es la que se siente en el bolsillo. Lo que no baja es el resto: la renta, la colegiatura, el dentista, la comida fuera de casa. Los servicios llevan meses moviéndose a un ritmo propio, indiferente a lo que hace el jitomate.

Esa asimetría explica por qué un hogar puede leer que la inflación cede y no notarlo. En la canasta semanal el alivio es real; en el gasto fijo mensual, no.

Y explica también la cautela de Banxico esta semana: un banco central no le teme al precio de la verdura, que sube y baja con la temporada. Le teme al precio que, una vez que sube, se queda.

Esto pasa con los servicios en México por dos razones esenciales de la naturaleza económica particular nacional.

El primero es la dependencia casi absoluta que los mexicanos tienen con respecto a las gasolinas vendidas por Pemex.

En México, esa paraestatal vende 9 de cada 10 litros de gasolina, por lo que cualquier cambio en el precio se refleja en los precios de todos los productos.

Con el gas y el diesel sucede algo similar. La venta está altamente regulada y se limita a un puñado de competidores. Por lo tanto, cualquier subida en el precio impacta directamente en los precios de bienes y servicios.

La otra gran razón es el rígido control que el gobierno mantiene sobre empresas establecidas con una pesada carga fiscal. A media que los salarios mínimos han subido, los servicios lo han hecho.

Esto indica que la inflación no es un asunto menor en México. Para entenderla, puedes revisar la calculadora del INEGI en esta liga: https://www.inegi.org.mx/app/indicesdeprecios/calculadorainflacion.aspx