Las vallas se llenaron tres horas antes. No es una exageración de crónica: en San Sebastián la gente ocupa su sitio con tiempo y paciencia, y esta vez lo hizo desde temprano.

Brad Pitt llegó para presentar su última película y firmó autógrafos a lo largo del recorrido, con esa eficiencia de quien lleva décadas haciéndolo.

El festival lleva años combinando dos cosas que no siempre conviven: cine de autor sin concesiones y visitas que llenan la avenida. Esta tarde tocó lo segundo.

Mañana volverán las salas medio vacías de las diez de la mañana, las películas difíciles y los debates en voz baja. Pero la foto del día ya está tomada.