La junta de gobierno decidió mantener la tasa de referencia sin cambios. Es la cuarta reunión consecutiva en la misma posición, y el comunicado sugiere que no hay prisa por moverse.

La votación no fue unánime: según la minuta, un miembro votó por reducirla. Ese detalle importa porque marca el inicio de una discusión interna; los cambios de ciclo suelen empezar con un voto solitario.

El argumento para no bajar está en el reporte trimestral: la inflación de servicios lleva siete trimestres por encima del objetivo. Los servicios son la parte más pegajosa de la inflación —sueldos, rentas, colegiaturas— y responden con lentitud a la tasa.

Lo que el comunicado no dice es igual de relevante. No enumera qué indicadores tendrían que moverse para justificar un recorte, ni en qué plazo los evaluaría. Sin esa guía, cada dato mensual se convierte en materia de especulación.

En términos prácticos: quien tiene un crédito a tasa variable no verá alivio en el corto plazo, y quien ahorra a plazo fijo conserva rendimientos altos unos meses más. Ninguna de las dos cosas cambia hasta que la inflación de servicios ceda.